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Soraya
Fecha artículo : 01 Ago 2003| Lecturas : 0| Votaciones: 138 | Promedio: 3 Bueno|

LA VIDA QUE PERDÍ


Noches oscuras. Apagadas. Frías. Son horas que nunca pasan; los relojes se paran cuando muere el sol y aquí estoy condenada sin luna ni estrellas. El silencio que no puedo romper; horroroso pero nada me queda por hacer.

No fuí nada para nadie. Un misterio que ningún hombre se atrevió a desvelar y los cuerpos que durmieron a mi lado, solo eran ratos de amor pintado. Tantos besos regalados creyendo que alguien apreciaría; pero todos los labios eran paredes de mentiras.

Latidos de cariño que palpitaban sin sentido, a la vez que con mis manos construía falsos sueños. Y que mas dá. Tragué muchas palabras que jamás me atreví a decir, por miedo a ser burlada. Encerré todos mis sentimientos dentro de una caja de cristal sin llave y me convertí en una rosa de metal, para que nadie me hiciera daño.

Se que algún hombre si me quiso de verdad y que hubiera dado lo que fuera por retenerme para siempre. Pero yo no era mujer; yo solo era jirones de papel que el viento levantaba sin rumbo.

Escondí mis heridas en un rincón de esta casa; en un lugar al que solo entraba para despojar mi tristeza y juré sin miedo que nunca más mis lágrimas hablarían de nadie y que mi cuerpo no se agrietaría rememorando las caricias que me dieron y que jamás gritaría el nombre de alguien que me hubiera atrapado en sus brazos y sobre todo que nunca más volvería a querer.

Y ahora me arrepiento mientras intento curar mi soledad, porque se que perdí toda mi vida, amando sin sentir. Y cuando voy a ese rincón donde acuné todo el daño que me hicieron, descubro que esas heridas son mortales y que la sangre ha dejado de brotar, dando paso al vacío.

Ya no hay solución, ya no sirve gritar, lamentarse o echarse atrás, ni arrepentirse, pues nada me devolverá los años que dejé escapar entre mis dedos. Y he roto la caja donde guarde mis sentimientos y con sorpresa me he dado cuenta de que esta vacía, como yo. Ya no soy una rosa de metal, ahora soy de cristal, que tan solo un roce me podría romper y mis arrugas marcan el paso del tiempo y mi caminar es lento y cansado.

A todo el que pregunta, le cuento la historia de mi desdicha, pues sonreir no ha sido lo mio. Pero no relato esto para obtener compasión, solo lo hago para sentirme mejor.

Ya queda poco para que la muerte acuda a buscarme, pero no tengo miedo. Se que sola he de perecer, pues yo me lo he buscado. Pero no se por qué estoy segura de que me iré dulcemente y de que en el otro mundo encontraré el amor que aquí no hallé.

Soraya (Alma triste)
 

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